Hoy he encontrado la respuesta a mi inquietante ausencia en este lugar de intimidad contigo, querido tú, querida tú. No he dejado de suspirar ni un solo momento, pero resulta que han sido otro tipo de suspiros y preciso la búsqueda de un nuevo lenguaje.
Adiós rabia, ojalá no volvamos a vernos y
adiós amores idílicos, gracias por todo.
No descanso de hallar mi verdad y me encuentro con mis logros. Apuesto por mi corazón honesto y por los vuestros y descubro las mentiras de mis amigos, blindadas. ¿Dónde vais distantes de reflexiones esparcidas en alcohol? Sí a la fiesta. No al amor.
La amistad es otra cosa.
Llevo seis meses haciendo el amor y he llorado mis clamores, con verdadero gusto. Lo que sé ahora del amor jamás lo aprendí de niña, y es ella la que suspira de corazón, de agradecimiento, de encuentro con la luz, de reconcilio con las sombras. Me emociona la verdad y es por eso que abundan mis lágrimas cuando estoy contigo. He odiado tanto que se me ha olvidado hablar de la belleza, ¿cómo se hace, amor mío? ¿cómo puedo ser justa contigo? ¿cómo puedo regalarte mi espejo? ¿cómo me llevo esta nueva paz al cine?
He evitado hacerle estas preguntas a Ingmar Bergman porque temo no estar satisfecha con sus respuestas, tan aisladas... Hace mucho que no visito Färo y sabe Bergman que no he perdido mi pasión por el roce de nuestros inconscientes, o eso espero. Todos los días le miro pero no más allá de debajo de mis flores, no más allá. Eso me pone nerviosa, estoy muy inquieta.
Torpemente y con esfuerzo voy tomando decisiones y con ellas remarco mis límites, me duelen los deshonestos y me duele la incomunicación, insisto. ¿Qué precio hay que pagar por un par de noches locas cada mes? Siempre antes de salir de casa pienso en El Séptimo sello, justo ahora que me tengo que ir me apetece verla...
...
Y así hasta que broten por escrito tus caricias dulces. Así hasta dar con nuestra versión original. Así hasta quitarme de los filtros, tus palabras a medias de escuchar. Culpaba a mi memoria y es mi escucha presa de directrices, arrinconada en una inútil protección.
...
Esta tarde creía que era consciente de mi decisión y ahora me doléis, mis amigos, me doléis.
...
Seguiré practicando,
aún hay dolores y ruegos...
Y así hasta que sólo estemos tú y yo, dulce.
Carmen Osadía
Aprendiz del verdadero lenguaje
(Foto: Corona de flores sobre mis archivos de Ingmar Bergman)
