Una vez un tipo de pelo canoso y ojos extraordinarios -vacíos-, me dio por culo en el asiento trasero de su coche.
La perversión era simple y gráfica, como la profundidad de la que carecía: Todo por detrás.
La perversión era simple y gráfica, como la profundidad de la que carecía: Todo por detrás.
- ¿Te doy miedo, Mariposa? ¿Es mi cicatriz?
- Es tu coche.
- Es tu coche.
El reloj en su muñeca, las manos al volante, la música en sus altavoces. Cómo suenan...
Las precauciones eran inapropiadas pero necesarias para tratar con el hyperman en cuestión.
Las reglas de conducción siempre vienen escritas desde el escroto.
Tengo un don con la palabra. Más de uno me lo ha dicho, justo antes de soltarme alguna soberana gilipollez.
Hay otros que usan la lengua en técnicas despersonalizadas para tratar de hacerse inolvidables.
Pero a mí lo que me pone es un discurso bien ejecutado. Bien respaldado. Subrayadito.
La perversión, que venga analizada. Con confesión. Con apertura.
Una buena lectura de verdades inconfesables que justificará que el uno al otro nos escupamos a la cara por las entrañas del romanticismo.
Soy la hija de puta más cachonda de toda la carretera.
A los que me han puesto un laberinto sin salida para que fuera yo la que se ganara la llave de sus misterios, a esos precisamente se les han dado la vuelta los ojos pidiéndome aperturas físicas mefistofélicas.
Esa proyección de secretos es lo que tantas veces quería chupar yo. Ese pozo inalcanzable.
Tan profundo, tan profundo que me caí premeditadamente para verlo.
No había tesoros. No había infierno.
Era TU FAROL.
Estaba yo en Tu Farol.
Mi padre siempre dice que me encanta lo cutre.
Y es que me encanta, soy listísima, me fascina.
Siento ceguera y atracción por lo mediocre. La decadencia. Me chifla.
¿Pero cómo no?
Seamos realistas, seamos sinceras, seamos francas:
La nocturnidad.
A mí que me paguen 20€ por lo que me voy a tragar,
si luego me lo voy a llorar sola.
Una semilla inmortal recorre Europa
y un fantasma recorre mi garganta.
Como quieras. Háblame del mar, marinero.
Y háblame también de todo lo que tanto te esfuerzas en negar.
Luego sujétame el pelo si tengo que vomitar,
porque yo lo que quiero es que me ames así.
Y después,
te enseño mi nombre
enmarcado,
firmado por Su Majestad.
Yo soy la princesa, comprende mis white lines.
I love you forever. I love you forever.
Ultraviolence.
¿Suspiro o esnifado?
¿Y la nostalgia, qué fue de ella?
¿Y el coche? Lleno de trastos.
Lo que me gusta a mí lo cutre. Unas pintaditas en las escaleras grasientas. Lo que me gusta a mí el vestido arrugado y tu camisa, dios... preciosa, impecable.
Dios.
Me encanta.
Háblame en la hora calma de la medianoche.
Háblame para que no se duerman mis sentidos otra vez.
Estaba yo cerrando bares.
Carmen Osadía
Esto es lo que pasa cuando intento
hablar de mi película favorita.
Esta es la razón por la que acabo no haciéndolo.
Esta es también la razón por la que, esta noche, no salgo.







