martes, 11 de octubre de 2016

Eres muy pesado

Qué mala memoria tienes,
¡pero qué mala memoria...!



Eres un niño malcriado y hay que recordártelo todo. Hay que explicártelo todo y hay que exprimirte los detalles.  Eres un niño muy pesado y a veces te enfadas. A veces hay que ver monstruos de rio y mares de plástico. A veces hay que cocinarte arroz y darte masajes a deshora. Hay que decirte lo bien que cantas y escuchar cientos de veces las sevillanas de las madres. Hay que consentírtelo todo y a veces hay que reconstruirte las cartas que por el orgullo se rompieron...

A veces me haces dudar, vuelves a tu vida de extrarradio cuando te duele y resultas más alto que yo. Sacas tus armas y me desenfundas con tu falsa indiferencia, me asustas una noche entera y me das la espalda, esa que me muero por besar todas las noches. Pero nunca me da tiempo a sentir el miedo porque tienes los pies más bonitos del mundo y me buscas con ellos. Siempre vuelves. Cariño, siempre vuelves. Cada día que pasa crece nuestro amor y con ello tu sinceridad. Cada vez eres más tú y a cada instante eres más bonito. Eres real.

No he conocido criatura más dulce que tú, mi niño de cristal. Descubriste en mí aquello del cariño que me hablabas porque tú también estabas ahí. Eres mi espejo de luz, y en ti he hallado las mismas ganas de ser mejor persona.

Me perdí buscando un fuego ardiente hasta quemarme y tú me curaste con un gesto. Solamente íbamos a jugar pero tus buenos días lo cambiaron todo. Quería volver a besarte y esa era nuestra verdad.

Me hablabas de los límites que no debíamos pasar porque nos enamoraban. Jugar a besarnos lento en tu sofá era demasiado y más lo ha sido mirarnos todas las tardes a las tres. Quedarme con tus hojas en sucio y llevarte el café son mi momento más sagrado y deseo que me pidas lo que sea sólo para estar de pie tras de ti. Muero de amor por el olor de tu silla, y el de tu almohada, y el de tu colcha... Muero por el sabor de tu ballantines en tus labios gorditos. Qué labios tan ricos... 

Ahora te duele todo y aunque no quisiera tu sufrimiento, mi amor egoísta se vuelca más y más por ti y toda mi infinita comprensión es para ti. Tu tesón y tu nobleza han podido conmigo y mis encuentros con las sombras duran tan solo unos instantes hasta desaparecer. Curas mis debilidades y consigues que sea más fuerte aún dejándome llevar... Contigo resulta cada vez más fácil dejarse llevar. Volverme una persona totalmente vulnerable nunca había sabido tan dulce. No temo por un futuro doliente.

Déjate llevar conmigo y confía. Deja que te cuide y te quiera, porque te quiero muchísimo. Esta vez está siendo verdad. Esta vez mi debate inconsciente se pone de tu lado, no temas por mis textos porque no están en presente. No temas amor mío porque ahora sólo existes tú. Eres mi equipo favorito y contigo me visto de blanco y llevo el número tres. Nunca me había sentido tan cómoda...







Jijijiji...
Carmen Osadía

lunes, 10 de octubre de 2016

Adiós pasión loca.

Adiós pasión loca.
Los fantasmas de las adolescentes no dejan de perseguirme, quieren que vuelva y que jamás olvide. Cada noche sueño con todas vosotras y me reserváis el sabor amargo para cuando despierto. Yo ya no quiero bloquearos en mis redes porque no es necesario regalaros un espacio propio. 

Tus fotos se aparecen sin yo buscarlas. Tu pelo es distinto, tú eres distinta, quizás ahora respires mejor. He sufrido por tu felicidad en mi ausencia, he sufrido más por aquello que por la falta de ti. No deseaba escribir nada en tu nombre porque ya no sé quién eres. He olvidado la luz de tu ternura aunque la pueda visualizar perfectamente. Me he olvidado de ir al cine contigo y de todo aquello que me hizo amarte como a nadie en el mundo. 

Recuerdo que eso jamás lo creíste y recuerdo tus celos. Recuerdo la constante sensación de pérdida y recuerdo mi inseguridad. Recuerdo el miedo y recuerdo el abandono constante. Recuerdo recordar siempre todos los abandonos. Recuerdo verme en ti y recuerdo cómo me juzgabas. Recuerdo no conseguir juzgarte y recuerdo no acertar nunca.

Recuerdo las oraciones que hoy mismo volví a leer y por dios, recuerdo el altar donde iba a rezarte. Lo que nunca supe con certeza es quién lo construyó.

Hoy retomo mis textos para decirte que ya no me dueles y eso es lo que más me importa, que ya no me dueles.

Hoy no necesito contarte mis historias ni creerme las tuyas. Ya no me apetece cenar contigo en tu salón ni ser tu amiga. 

Ahora eres polvo en mi habitación aunque aún tenga que soplar...

Eres otro fantasma que me buscará en mi debilidad pero ya no me importa. El sabor amargo de mis pesadillas se rompe en pedazos cuando me sorprende la realidad más maravillosa y dulce del mundo: El otoño y el agua fresca.



Carmen Osadía