domingo, 7 de septiembre de 2025

Porque amar es el empiece de la palabra amargura

 


Hoy es 7 de Septiembre y es nuestro aniversario. Parece mentira que después de tanto tiempo, España entera andaba contenida en esa coreografía ingenua, la fiesta previa al estallido. Y cuando abrimos la mano y la dejamos caer, rompieron a sangrar nuestras llagas en nuestra piel.

Hay canciones que parecen inocentes y terminan oliendo a pólvora. La noche del 15 de septiembre del 2024 lloraba en mi cama de Moscú sintiendo la primera ruptura de mí misma. Esa noche los fuegos de mis sagradas fiestas los escucharía agotada, sin poderme levantar, sin poder respirar. Y con la ausencia del dolor, y aquella paz colmando la razón, ahogabas toda mi ansiedad... Jamás volveré a robarme la percusión explosiva de la noche, oliendo a tierra, a cenizas, acompañada de mis hermanas hijas de la Virgen de las Angustias. Jamás. 

De venta en los callejones, y en los lúgubres rincones de mi ciudad...

España arrastra un tipo de violencia propia de su tierra seca: hierve un odio antiguo. Hay una pasión visceral detrás de la violencia, casi erótica en su intensidad. Hay cruces oscuros donde puedo bailar unas sevillanas con mi prima y donde te busco entre un Why, lover why. A veces esta España mía, esta España muerta es una zapatilla llena de barro, con los bajos descosidos de un vaquero que protege unas bragas sucias, porque el amanecer se presenta tras una letanía donde no es fácil encontrar papel. Unos baños alquilados para todo un pueblo que busca orinar a escondidas y enfarloparse. ¿Y cómo hemos acabado aquí?

La ultraviolencia, el morbo, la fascinación, la curiosidad que asesina, tu amiga llena de rabia e impotencia porque la creencia de que una rata tenía fondo le ha dejado en evidencia. Las noches que nos han devuelto la humillación de la que tardaremos en recuperarnos. Las hostias nunca llegan a tiempo. Y hay masacres que te dicen: ven y mira. Esta noche soñé que aprobaba mi tesis, y Dios me ha dado una palmadita a la espalda: estas fiestas no te harán polvo, mi amor. Este suspiro mío de tragedia que busca redimirse, dice lo que es porque es mi texto y puedo decir lo que me de la gana. En el cine podemos hacer lo que queramos. Tú vas a sentir el mayor amor por estas niñas para después romperte tú también con los escopetazos. A veces he creído que cuanto más te bailaba una rosa es una rosa más te dolería después pegarme un tiro; Y lo hicimos juntos, ya sabes dónde, ya sabes a qué horas, ya sabes cuántas veces... no sabes una mierda.

Uh, vaya lío

El terror que no avisa, y que se pone los zapatos de tacón y taconea. Y que se pone los zapatos de tacón y taconea. El terror que no avisa. Te lo estás pasando de miedo. Te lo pasas de miedo. Y que a mí no me manden flores. Y mientras me pinchaba me enseñó una cosa...



Una rosa es una rosa

Una rosa es una rosa


Una rosa es una rosa es una rosa es una rosa

Una rosa es una rosa es una rosa es una rosa

Es una rosa es una rosa es una rosa

Una mentira y un credo

por cada espina del tallo

injertándose en los dedos

UNA ROSA ES UN ROSARIO


Hablábamos de nuestro aniversario, el que hoy arrastro aún. El día en el que Dios descansó después de ser un gran artista. Hoy te puedes ir a provocar, y te puede dar un infarto, puedes caer en un vermú largo, y luego besar a dos o tres gilipollas. Una botella de agua lleva tu nombre como un santo. Y aun cuando tengo ganas de dulce abro tu tarro de miel.

Hay que romantizarlo todo o, si no, estás muerta de verdad. Yo te uso para mis suspiros y no me acuerdo de ti. "Queremos ir a misa", gritaba con mis primas en las murallas de Alcalá de Henares. Los himnos nos salvan. Escribir los himnos, gritarlos. Hay que escribir y gritar los himnos. "¿Cómo no te voy a querer?" gritábamos el 22 de Mayo de 2021 junto al estadio José Zorrilla. Un himno es música endulzando la violencia.

Qué poética es la España rural más profunda. Sangre, Barro, sudores en el after. La decadencia aún se puede vivir al cierre de mi discoteca favorita. 

Suspiro de Osadía
Amor y odio
La decadencia que me habita, que temo
y que me enorgullece (muchísimo).