jueves, 21 de febrero de 2013

La voz que pusimos para llamar a la bestia.

"Una cólera sorda, aprisionada y enmudecida durante considerable tiempo, comienza a moverse en los más oscuros pasillos. ¡No voy a exagerar! Mi aspecto exterior es lamentable, estoy gruñón e irritable, acepto toda la ternura y las atenciones con una evidencia, pero me quejo como un niño mimado. En el fondo del programa y de la disciplina que me impongo, me siento perplejo y desamparado, no sé un día lo que me va a deparar el siguiente. No puedo hacer planes con una semana de antelación. ¿Qué va a ser de mi vida, del trabajo del teatro, en el cine? ¿Qué va a pasar con Cinematograph, la niña de mis ojos? Cuando no tengo fuerzas para leer, hay un batallón de demonios dispuestos a atacarme. Por el día, en el fondo del orden palpable, reina un caos comparable al de una ciudad bombardeada."

¿Y por cuánto tiempo más soportará esto nuestro estómago? ¿Qué tipo de mariposas son éstas? polillas negras. Me pones tu voz más dulce al teléfono y yo respondo cada día con una inocencia vestida. A veces me convierto en una muñequita para gustar al mundo, y pongo esa voz para raptar a vuestras madres. Otras veces me quedo con ellas un rato y otras veces son mías para siempre, y eso al mundo le conmueve o le alimenta feroz, depende del día. He interpretado un papel sólo para que tú te divirtieras, la única manera que encontré para jugar juntos hasta conseguir un guiño tuyo -o eso me pareció-. Ahora ya no me da tanta vergüenza desnudarme y resulta que tú te tienes que tapar los ojos, confundes el contorno de mis ojos plata con el de mis aros y crees que estoy hecha de vainilla, porque así es como huelo. (Se me ha gastado, pero no es un perfume muy caro, que no se me olvide comprar otro bote). 

Ya no tengo ilusión de verte pero oirás que me muero de amor
Ya no quiero que me empotres en tu póster pero no te voy a decir que no. 
Ya no quiero vestirme de novia pero llevo el ramo a pedazos por mi pelo.
Ya no busco de cerca tu espiral pero me enredo en ella.
Ya no me empapo de tus palabras ni te escupo con las mías pero seguimos en febrero, y hoy llueve.
Ya no hablo -tanto- de ti pero otros quieren oírme -un poco más-, te echamos de menos.
Me pides Nouvelle Vague y yo te lo daré. Siempre.

Mis musas me piden ser musa también y dos o tres demonios me clavan su pupila afilada y ardiente en la nuca para que no se me quite la marca, soy de ellos, que no se le olvide a nadie. Son muy posesivos, muy buenos en su trabajo y me odian mucho. 
Me someten a días incansables de esclavitud a la decepción segura y las cadenas son de plástico pero las han pintado de color metal, y me doy cuenta, pero míralas... de metal. Mientras, una de mis musas me mira directamente a la luz, pero lo mejor será tartamudear para que no me oiga bien -eso la distraerá-, y si puedo aparentar ser una inútil eso impedirá que descubra mi condición de esclava, así no volverá a molestarme, eso es.
Pero, ¿y si se cree mi mentira, qué hará? ¿abandonarme? no quiero quedarme a solas con los que me odian. Entonces tendré que aprender rápido a vocalizar, que no se vaya todavía y ojalá que no le incomode mi voz torpe. Aquí no ha pasado nada, volvamos otra vez a eso de mirarme a la luz. 


Entonces, ¿por dónde iba?...
Por el día, en el fondo del orden palpable, reina un caos comparable al de una ciudad bombardeada.





Carmen Osadía
Ingmar Bergman









jueves, 7 de febrero de 2013

Liberar a la diosa



Un amanecer despoblado de mí misma, ni siquiera desnuda, ni siquiera muerta.
La hiel envenena mi sentir y un huracán de hedor y tortura me lleva en hombros a la hoguera de la tribu africana.

Me muero mil veces y mil veces resucito con los ojos abiertos y la dignidad en la frente, y mil veces la rabia se convierte en agua y el agua me lleva al océano de lo que sí soy esencialmente: una diosa femenina esculpida con el cincel de las pruebas.

Puede que ni yo misma sea capaz de verlo pero tengo la certeza de que esto que digo existe, soy la esencia femenina del útero extraído y bendecido en algún producto de cosmética. 

Y me siento libre y unida a ti cuando experimento que al extender la crema en tu cara, una parte de mí se integra contigo, una mujer se fusiona con otra mujer y con otra, y con otra... y todas somos la madre del hombre. 

Todo esto que te explico, tú al leerlo lo vivencias, lo haces tuyo y lo haces nuestro.

Este es mi grito, adelante, 
la traición es la funda de tu espada.

Elena Gadán