jueves, 7 de febrero de 2013

Liberar a la diosa



Un amanecer despoblado de mí misma, ni siquiera desnuda, ni siquiera muerta.
La hiel envenena mi sentir y un huracán de hedor y tortura me lleva en hombros a la hoguera de la tribu africana.

Me muero mil veces y mil veces resucito con los ojos abiertos y la dignidad en la frente, y mil veces la rabia se convierte en agua y el agua me lleva al océano de lo que sí soy esencialmente: una diosa femenina esculpida con el cincel de las pruebas.

Puede que ni yo misma sea capaz de verlo pero tengo la certeza de que esto que digo existe, soy la esencia femenina del útero extraído y bendecido en algún producto de cosmética. 

Y me siento libre y unida a ti cuando experimento que al extender la crema en tu cara, una parte de mí se integra contigo, una mujer se fusiona con otra mujer y con otra, y con otra... y todas somos la madre del hombre. 

Todo esto que te explico, tú al leerlo lo vivencias, lo haces tuyo y lo haces nuestro.

Este es mi grito, adelante, 
la traición es la funda de tu espada.

Elena Gadán

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