Deseo arrojar con odio a mi niña a la piscina. Que se ahogue, que estoy harta de ella y su crueldad, qué cruel es. También odiamos a los niños que no quieren jugar con nosotras, son imbéciles.
De repente tu mundo se desangra porque has dejado a medias tu película favorita de Bergman y no quieres verle más por hoy y ojalá que nunca más. Demasiadas verdades, demasiada responsabilidad y te das cuenta de que si no eres consecuente todo es venganza, odio, rencor y cine japonés. ¿Qué más da, si Ingmar Bergman murió solo en una isla? Volvemos a colgarnos al cuello nuestra cruz cristiana, y somos infieles a su imagen, y esta vez nos despojamos de la cadena de plata sucia y la sujetamos con cuerda negra -porque nos queda mucho mejor-, de oscuras estamos más guapas.
Qué buena época toda la anterior, cuando era más fácil sentarse con el odio y mirarle con el corazón de terror a esperar la venganza que tan bien nos iba a sentar. Valía la pena sacrificar toda esa mierda que llaman pureza para ver el insatisfactorio resultado. La insatisfacción era la única sensación leal, y quería quedarse con nosotras la muy hija de puta, después de todo lo que habíamos construído con nuestra alma putrefacta.
No soportamos estar más a la altura y preferimos llamar la atención desde el silencio. Nos vamos a ir al cine solas porque ya no solo odiamos en la miseria sino que hemos aprendido a odiar creciendo. Llorar solas nos hace más fuertes, no es necesario exponerse. Es mejor hacerse las duras y dejarse llevar por el teclado porque no es adecuado gritar, aunque es lo que más nos apetece. Mandaros a todos a la mierda y que el mundo se resuelva solo, o venga en nuestra búsqueda. Queremos ser víctimas y que nos hagan ellos el trabajo sucio, queremos tener las manos limpias, pues debajo de la piel ya hay demasiada carne muerta.
Parece necesario acudir al sexo por el sexo y a las uñas negras. A los ojos oscuros y a la diosa de la discordia, nuestro ejemplo y nuestra envidia. Queremos ser esa diosa, tan libre y tan sensual, a ella no le importa joder y engañar. Queremos volver a engañar y a hacer el mal, las mentiras y los disfraces.
Fijaos en mi pelo oxigenado y en mi llamativo escote
y meteos por el culo mi dedo corazón.
Imagen: Confessions, Tetsuya Nakashima.
Carmen Osadía
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