jueves, 17 de enero de 2013

Palabras para los que saben de amor y que por eso aprendieron de cine o viceversa.

Eres Johan cuando no le enseñaron a llorar de niño y es por esto que quiere aprenderse el mundo mirando a ver en otros mundos, fuera de Färo, tal vez con otro mar. 

Eres Antoine Doinel cuando huye perdido al mar porque es ahí donde están todas las lágrimas vertidas que tantos otros no comprendieron, igual que tú.

Eres las lágrimas de Petra Von Kant cuando es mujer y es niña, amarrando fuertemente sus celos porque quiere ser artista sin saber que desnuda y sin peluca ya lo es.

Eres la sarabanda que se escucha cuando los ancianos se desnudan para volver a quererse otra de tantas veces, porque saben que esta vez no será la más convencional, pero sí la más auténtica.

Eres el silencio que convenció a la enfermera Alma de su persona, el mismo silencio que es capaz de interrumpir teatro para actuar de verdad: un paseo por la playa será suficiente.

Eres el cielo de todas las playas y el cielo sobre Berlín, porque le gusta leer profundo las mentes del ser humano hasta enamorarrrrrse de ellas.

Eres la mente torcida de Eloise. 

Eloise está loca y es bizarra, como la voz de Selma cuando canta desgarradora rajándonos el corazón desesperada para no cegarnos nunca.

Eres la soga de luces verdes y rojas. Eres los corazones que se escriben con ellas y las ropas que tiñen Sonata de otoño, porque aún queda pendiente una buena conversación.


Eres las palabras cómplices.

Eres la ilusión que buscamos.

 La que encontramos.

Eres el beso y su contraseña.

Eres mi brillo de ojos.

Eres Marianne.



Eres el cine.






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