viernes, 28 de febrero de 2025

El eco del deseo

EL ECO DEL DESEO

La atracción como un reflejo que vuelve, vuelve, y vuelve


El deseo, en su manifestación más pura, no es un impulso inmediato, sino un eco que resuena a través del tiempo, deformándose, volviendo, perdiendo nitidez, volviéndose más intenso o más lejano. El fantasma sonoro que atraviesa la mente, impregnado de lo que fue y lo que pudo haber sido. En el cine, el eco del deseo se traduce en la imagen que no se muestra del todo, en el vacío que deja el fuera de campo, en la escena que corta antes de su clímax, en la repetición obsesiva de un gesto o una frase.


La gota nostálgica de la barbilla en Tarkovsky, el eco del anhelo inalcanzable. Su cine no expone el deseo, lo deja suspendido, vibrando en el aire. El tiempo mismo se transfigura como herida abierta. 

Tarkovsky se recrea en el proceso, dilata la espera y no juega contigo. No deconstruye al ritmo surrealista la realidad, sino que revela y expande. Es esto lo que hay. Y así... es así, tan bonito.



Te esperaba en la sala de espera. La de un hospital. Incómoda. Fría. Las puertas automáticas se abren y cierran. Los mismos pasos, diferentes personas. Un puto limbo donde el personal camina como si estuviera en su casa, en un espacio que dominan, con la indiferencia de quien pertenece. Cada uno en sus asuntos.

Quizás traigan noticias. Quizás no. Esta sala de espera, sin esperanza. Estas pilas de un timbre que se secó.

Para las convalecientes, flores.



El instante en el que Judy, encarnando a Madeleine, deja una pista visual de su propia falsificación. Un reflejo de algo que no es real, pero que una misma convertirá en obsesión. Es aquí donde la atracción queda filmada como un simulacro: un reflejo embellecido, el fantasma que se repite. 

La atracción no es sólo repetición (Vértigo), sino también ausencia (Nostalgia).

Perfecto. Que lo veas. Que seas espectador de mi propia narrativa, pero sin acceso a ella. Intuye amor, pero no toques. Ahora eres quien ve mi imagen sin poder construirla del todo. Sentir la distancia sin saber exactamente qué significa. La Tempestad como pura inquietud, una corriente subterránea que no se resuelve del todo. El primer movimiento es como un pensamiento que regresa y regresa, una espiral de ansiedad contenida, justo como el bucle neurótico que busca reconstruir una imagen perdida.

Re menor es la tonalidad de la melancolía, de lo inexorable, de lo que se hunde en su propio peso. Es el tono de la inquietud y la fatalidad. No es un dramatismo evidente, es un desasosiego latente, un conflicto interno que se siente pero no se resuelve.

Rosales filmaba Girasoles Silvestres desde la distancia. Una escena de discoteca se ve terrible, cuando siempre había sido lo más espectacular de rodar. La luz te cuenta que no son más que unos focos y desconectas de la empatía. Soy espectadora de un juicio que no durará mucho, pero que será sentencia de una tragedia. Nada nuevo, lo que ya se sabía. Era de esperar que aquello no saliera bien. Porque nunca sale bien. Y es desde otra habitación donde se contempla el único instante de pretenciosa conexión. En otras ocasiones, una perspectiva como señal de respeto. En este presente, el puñal que apuñala el vacío. No hay sangre, no hay lágrimas. Es un eco.

La cuestión no es eliminarlo, sino aprender a filmarlo.

No. Estos no son apuntes sobre el deseo.



El engranaje emocional. La obsesión y la repetición.

ElEcoDelDeseo

Día 1

Carmen Osadía



martes, 4 de febrero de 2025

Asimetría afectiva y el sino del equilibrio... o tu putita secretaria

 


Me pregunto si el amor es aceptar al otro o aceptar que nunca será completamente tuyo. Žižek diría que lo segundo. Qué sabe nadie.

Nos tragamos la materia gris hasta encontrar la narrativa perfecta, y la historia se repite, como siempre, y siempre jamás..., que ya era cine. Un guion que se escribe en reversa, en la intermitencia de quién domina y quién se deja llevar, quién dicta las reglas y quién las subvierte sin que tú lo notes. Lee sabía bien y jugaba con eso, "secretaria, secretaria, voy a ser tu secretaria..." No hay verdadera sumisión cuando se elige someterse. No hay dueño cuando ambos se creen en control. Ahí se esconde la clave que va a reventar la verdad, donde el juego cosquillea con tal gusto que nada más importa. Bomba de humo y a llorar de impotencia mañana. Hoy me relamo los labios, relamo los tuyos, te saboreo, te siento, me engaño, me dejo engañar, me dejo lo que tú más desees. Lo-que-tú-quieras.








La pianista, sin embargo, no dejaba espacio para el engaño. Lo suyo era un deseo maldito que se devoraba a sí mismo porque no sabía sostenerse. No es el placer lo que buscaba, si no la herida, la prueba de que su deseo no le pertenecía. O te entregas para existir o te rompes porque nunca debiste habitarte. 

Cómo no acordarme de Gaspar Noé y su violencia sin atajos, su danza de cuerpos que no saben si están bailando o huyendo. No hay pactos en su historia, no hay conciencia ni freno. Solo piel, solo pulsión, solo ese instante exacto en el que el deseo deja de ser búsqueda y se convierte en una condena. Todas distintas, todas iguales en el vacío que dejan después.

Qué gran interrogante disfruto si el deseo ha sido siempre una excusa o si alguna vez fue una decisión. Žižek decía que nunca era puro, que siempre estaba contaminado de poder, de miedo, de la sombra de lo que falta. Nunca hay equilibrio, nunca se ama con la misma intensidad en el mismo instante. Dios bendiga ese control que se desliza entre los dedos sin que ninguno lo note, o en realidad sí, claro que sí...  

Lo realmente aterrador del deseo no es no obtener lo que siempre anhelo... Si no tenerte, y descubrir que no me llenas... Quizás por esto, la frustración sea ese punto enfermizo que tantas veces confundimos con inestabilidad, y resulta que es la determinación perenne. 

Qué bien, amor... Pide por esa boquita, y lléname la mía de ti.


Sobre Secretary, Zizej, Haneke...

Y lo que tú quieras entender.

Carmen Osadía, tu novia.