EL ECO DEL DESEO
La atracción como un reflejo que vuelve, vuelve, y vuelve
El deseo, en su manifestación más pura, no es un impulso inmediato, sino un eco que resuena a través del tiempo, deformándose, volviendo, perdiendo nitidez, volviéndose más intenso o más lejano. El fantasma sonoro que atraviesa la mente, impregnado de lo que fue y lo que pudo haber sido. En el cine, el eco del deseo se traduce en la imagen que no se muestra del todo, en el vacío que deja el fuera de campo, en la escena que corta antes de su clímax, en la repetición obsesiva de un gesto o una frase.
Tarkovsky se recrea en el proceso, dilata la espera y no juega contigo. No deconstruye al ritmo surrealista la realidad, sino que revela y expande. Es esto lo que hay. Y así... es así, tan bonito.
Te esperaba en la sala de espera. La de un hospital. Incómoda. Fría. Las puertas automáticas se abren y cierran. Los mismos pasos, diferentes personas. Un puto limbo donde el personal camina como si estuviera en su casa, en un espacio que dominan, con la indiferencia de quien pertenece. Cada uno en sus asuntos.
Quizás traigan noticias. Quizás no. Esta sala de espera, sin esperanza. Estas pilas de un timbre que se secó.
Para las convalecientes, flores.
El instante en el que Judy, encarnando a Madeleine, deja una pista visual de su propia falsificación. Un reflejo de algo que no es real, pero que una misma convertirá en obsesión. Es aquí donde la atracción queda filmada como un simulacro: un reflejo embellecido, el fantasma que se repite.
La atracción no es sólo repetición (Vértigo), sino también ausencia (Nostalgia).
Perfecto. Que lo veas. Que seas espectador de mi propia narrativa, pero sin acceso a ella. Intuye amor, pero no toques. Ahora eres quien ve mi imagen sin poder construirla del todo. Sentir la distancia sin saber exactamente qué significa. La Tempestad como pura inquietud, una corriente subterránea que no se resuelve del todo. El primer movimiento es como un pensamiento que regresa y regresa, una espiral de ansiedad contenida, justo como el bucle neurótico que busca reconstruir una imagen perdida.
Re menor es la tonalidad de la melancolía, de lo inexorable, de lo que se hunde en su propio peso. Es el tono de la inquietud y la fatalidad. No es un dramatismo evidente, es un desasosiego latente, un conflicto interno que se siente pero no se resuelve.
Rosales filmaba Girasoles Silvestres desde la distancia. Una escena de discoteca se ve terrible, cuando siempre había sido lo más espectacular de rodar. La luz te cuenta que no son más que unos focos y desconectas de la empatía. Soy espectadora de un juicio que no durará mucho, pero que será sentencia de una tragedia. Nada nuevo, lo que ya se sabía. Era de esperar que aquello no saliera bien. Porque nunca sale bien. Y es desde otra habitación donde se contempla el único instante de pretenciosa conexión. En otras ocasiones, una perspectiva como señal de respeto. En este presente, el puñal que apuñala el vacío. No hay sangre, no hay lágrimas. Es un eco.
La cuestión no es eliminarlo, sino aprender a filmarlo.
No. Estos no son apuntes sobre el deseo.
El engranaje emocional. La obsesión y la repetición.
ElEcoDelDeseo
Día 1
Carmen Osadía









