miércoles, 20 de marzo de 2013

Y por fría que fuera mi noche triste...

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Parón en el tiempo.


Dos años atrás sentía mi transición a una estabilidad fija y lo deseaba. Ahora siento una ruptura con el mundo otra vez y me da miedo, estoy muy cansada y no sé si voy a aceptar mi nueva vida con ganas. Las señales cada vez son más claras y me han colocado en un punto muerto, tengo que decidir ¿avanzar o refrescar mi espacio? Procuro evitar reconocer mi actual desinterés por todo tipo de cine que conozco, todavía tengo películas de Bergman sin tocar en mi estantería y llevo semanas sin leer. Tampoco tengo ganas de ver a mis amigos y me duelen todas las relaciones que perdí o el tiempo que malgasté en agotarlas. Necesito nuevos mundos y tengo remordimientos por no haber exprimido todo lo que puede darme el mío, se me ha quedado mediocre y he olvidado mis triunfos y mis ilusiones. ¿Y si me muriera en una hora? Llevo días soñando reencuentros con personas de las que me desprendí a propósito y no hay frustración alguna, pero sí una ilusión infantil tímida por descubrirse. Mis imágenes deben provocar un brillo en los ojos y en vuestros corazones y si no es así percibo mi fracaso, y me da miedo. 

Ahora me duele el silencio como ausencia de calor, y no quiero más una reflexión teórica. Tampoco quiero volverme loca. Quiero irme de fiesta y grabarme en luces bajas de sueño pero de neón dulce, que se vean bien mis aros y cómo mastico chicle mientras cierro los ojos y bailo en mi nuevo aire de madurez. Tal vez tú veas una cantadita pokera pero si prestas atención se escucha Sombras de la china de Serrat... El hombre vino del mar. Piel oscura, ojos pequeños, las manos llenas de sombras, las sombras llenas de sueños...

Puede que mi sensación venga de esta rutina recientemente implantada o se me ocurre que estoy cerrando los ojos. Permito el sutil paso a una nueva sombra que está por encima de la luz a la que sólo rozo sus dedos, creo que estoy yendo hacia un callejón y me están arrinconando mis tradiciones, que ya no son familiares sino indiferentes a mí. Están enfadadas conmigo por alguna razón que desconozco y esperan que vaya a darlas un beso, -que me lo devuelvan es algo que decidirán según convenga-. La rosa que te arrojo está hecha de cuerdas de guitarra y cosidas con grapas de cabello y piel. Y me gusta todo de ti, me gusta todo de ti, pero tú no, pero tú no...






martes, 5 de marzo de 2013

El dolor de la incomunicación.

Siempre me ha costado creer en el final de cada una de mis historias, es difícil saber qué final es el perfecto. Ahora tengo mi final y no se me ocurre cómo darle comienzo.
Así pues, para no dejar mediocre del todo este suspiro, acudiré a los clásicos y empezaré mi texto como haría un romántico: Lloviendo.

Ayer llovía, -y esto es verdad-. Bajaba del autobús orgullosa de mis nuevos cambios y triste a la vez. Había estado llorando hace una hora y agradecí al tiempo su compañía. Sentía que nunca jamás había estado más feliz conmigo misma que en estos momentos y es por esto que me dolían mis gestos de seriedad y tristeza. Es curioso cómo el ser humano se las ingenia para no disfrutar de su fortuna. El hombre desea el amor pero se ha acostumbrado a evitarlo porque se ha tragado eso de que "el amor duele". Tras esta afirmación es cuando aparece mi felicidad, lo que pasa es que no termino de encajarla. 

Resulta que mi nueva felicidad no es cómplice de la música, ¿dónde están los autores poetas que cantan a su verdad? Será que no he buscado bien, o puede que el mundo siga demasiado deshonesto. O que estoy siendo vanidosa.
Resulta que mi nueva felicidad se ha despedido de mis ídolos. Me enamoré perdidamente de sus textos-mi inconsciente y les senté en mi cama. Descubrí que sus románticas palabras no encajaban con sus labios y me perdí en el camino de nuestros besos. Me he quedado sin saber a qué sabe mi imaginación.
Resulta que mi nueva felicidad está guardando las distancias con el cine de la modernidad. Mis grandes amores, ¿acaso os habéis enamorado ciegamente de vuestros fantasmas y no les dejáis marchar? ¿cuál es ese amor que manifestáis que se acoge en abandono y perversiones? No comprendo del todo vuestra libertad, porque tiene una entrada que es la tristeza y una salida que es la soledad de la introspección. Lo comprendo pero, ¿y ese bonito final? No está. O puede que vuelva a ser vanidosa. Ni siquiera sé si estoy de acuerdo con esto último.

¿Es vanidad? ¿Es miedo? Desesperadamente quiero llegar a ti y ser cercana a tu verdad más íntima, pero me duele muchísimo la incomunicación. ¿Cómo me comunico mi queridísima persona, tú que me lees? ¿Cómo llego hasta a ti? Me duele no poder expresar mi infinidad y no consigo compartir el nivel donde sentarnos mejor, juntos, juntas. Quiero contrastar mi verdad con la tuya y hacer de ellas otro texto, otro cine, un nuevo cine. Quiero hacerte partícipe de lo desconocido de la profundidad y quiero empaparme de tu persona. Quiero conocerte. Tu luz y tu sombra. ¿Cómo es posible que se atranque tanto mi voz? ¿Cómo es posible sentir tanto y no transmitirlo? Quiero la conexión de los inconscientes y que se manifiesten, que hablen y sepamos escuchar... Seguirán mis lágrimas mientras tanto, porque no me sale, no sé si me entiendes.

Como decía, ayer llovía.
Lo que no comprendo asoma con el dolor, prueba de ello mis somatizaciones, qué dolor de cabeza y qué poco sitio para el hambre. Por la biblioteca, de camino a casa, se me vino una imagen de mí desvanecida en el suelo, qué drama. Eso no iba conmigo y lo deseché, pero es bien cierto que mejor llegar a mi cama cuanto antes. 
Me quité el uniforme de colegio y con ello mis falsas alegrías. Ya no es necesario que llame tu atención porque ahora lo que me apetece es compartir el silencio.

Anoche me quité el uniforme y qué sensación de complicidad con mis sábanas. Deseo -apretando fuertemente mi corazón- no volver a vestirme nunca. Pero la desnudez, -a la que tanto amo y deseo poder amar más si cabe- sigue siendo jodida en el espejo y sobretodo con el mundo.

Hoy no llueve y así se queda esto.

Carmen Osadía.