¿Y por cuánto tiempo más soportará esto nuestro estómago? ¿Qué tipo de mariposas son éstas? polillas negras. Me pones tu voz más dulce al teléfono y yo respondo cada día con una inocencia vestida. A veces me convierto en una muñequita para gustar al mundo, y pongo esa voz para raptar a vuestras madres. Otras veces me quedo con ellas un rato y otras veces son mías para siempre, y eso al mundo le conmueve o le alimenta feroz, depende del día. He interpretado un papel sólo para que tú te divirtieras, la única manera que encontré para jugar juntos hasta conseguir un guiño tuyo -o eso me pareció-. Ahora ya no me da tanta vergüenza desnudarme y resulta que tú te tienes que tapar los ojos, confundes el contorno de mis ojos plata con el de mis aros y crees que estoy hecha de vainilla, porque así es como huelo. (Se me ha gastado, pero no es un perfume muy caro, que no se me olvide comprar otro bote).
Ya no tengo ilusión de verte pero oirás que me muero de amor.
Ya no quiero que me empotres en tu póster pero no te voy a decir que no.
Ya no quiero vestirme de novia pero llevo el ramo a pedazos por mi pelo.
Ya no busco de cerca tu espiral pero me enredo en ella.
Ya no me empapo de tus palabras ni te escupo con las mías pero seguimos en febrero, y hoy llueve.
Ya no hablo -tanto- de ti pero otros quieren oírme -un poco más-, te echamos de menos.
Me pides Nouvelle Vague y yo te lo daré. Siempre.
Mis musas me piden ser musa también y dos o tres demonios me clavan su pupila afilada y ardiente en la nuca para que no se me quite la marca, soy de ellos, que no se le olvide a nadie. Son muy posesivos, muy buenos en su trabajo y me odian mucho.
Me someten a días incansables de esclavitud a la decepción segura y las cadenas son de plástico pero las han pintado de color metal, y me doy cuenta, pero míralas... de metal. Mientras, una de mis musas me mira directamente a la luz, pero lo mejor será tartamudear para que no me oiga bien -eso la distraerá-, y si puedo aparentar ser una inútil eso impedirá que descubra mi condición de esclava, así no volverá a molestarme, eso es.
Pero, ¿y si se cree mi mentira, qué hará? ¿abandonarme? no quiero quedarme a solas con los que me odian. Entonces tendré que aprender rápido a vocalizar, que no se vaya todavía y ojalá que no le incomode mi voz torpe. Aquí no ha pasado nada, volvamos otra vez a eso de mirarme a la luz.
Entonces, ¿por dónde iba?...
Por el día, en el fondo del orden palpable, reina un caos comparable al de una ciudad bombardeada.
Carmen Osadía
Ingmar Bergman

No hay comentarios:
Publicar un comentario