No te voy a engañar y no quisiera hacerte ilusiones, se trata de un
intento inconsciente. No pretendo matarle desde aquí arriba, ¡puf, qué
locura de sentimiento de culpa! no estoy preparada, o tal vez sí...
Yo
confieso ante Dios Todopoderoso aquella sensación de placer y desahogue
lustroso esa vez que utilicé el refugio del disfraz para vestir de bakala pokera de la muerte y lo cómoda que me sentí y que he pecado mucho en pensamiento, palabra, obra y omisión.
-Carmencita,
eres una mentirosa- le digo yo a mi niña. Pero, ¿qué le voy a reprochar
a ella? Una hace lo que puede desde lo que nos han enseñado y siendo
abandonadas hemos buscado la voz alentadora de quién sabe dónde, quién
sabe quién.
Tan sólo era una niña.
Pero una
niña muy lista. Carmen, la princesita de cuento a la que le gusta coquetear con
espíritus dentro de sus faldas y camisas con alarde de colegiala del
manga, siente deseos de sacar su katana de Hanzo y cortarle el cuello a Gabi y a su discurso melancólico. Y no siento culpa de eso.
Así es cómo descubrí a los otros niños abandonados
con sus pies colgando en las butacas con respaldo de un tamaño superior,
butacas de los ya en los -no- mejores cines. Y nos hicimos amigos. Alexander me cuenta secretitos escabrosos mientras que Lars se pasa el día enrabietado y jugando conmigo a ver quién aguanta más al calientamanos (aunque después lloremos sin mirarnos con las manos rojas).
Sólo somos niños. Niños que lo queremos todo y lo queremos, lo queremos YA. Una niña que aún no ha perdido su inocencia que tiene como dóciles perversiones una lectura conjunta o una zoofílica experiencia con un Shinigami. Una niña que se queda sin respiración cuando encuentra en lo desconocido todo aquello que ya conocía y que olvidó. De ahí que sea preciso recordarlo hasta sus adentros y remover las tripas las infinitas veces que sean necesarias perdiéndose en el mismo texto, en la misma canción, en la misma película. Así pierda ella su virginidad de forma dolorosa y placentera, Amén.
Un grupo de amigos mentirosos que engañan constantemente a sus esquemas dulces de veneno para después exprimirlos y sacarles el jugo de la verdad. Qué buena y cuánto duele.
- Entonces, ¿le vas a matar?
- No, te dije que no te iba a engañar, solo ha sido un intento. Y joder, hemos sido amigos y ya sabes lo que dice Sick Boy -es un colega-.
Nunca fuí una choni pokera,
pero podría haberlo sido cuando ir a Radikal
era la POMADA.
Carmen Osadía Gutiérrez Ruiz
^^
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