lunes, 1 de julio de 2013

Cineastas melancólicos


Necesito escribiros algo ya aunque sea así tan torpemente, veamos…
Cada vez que hablo de vosotros, tomo más consciencia de que estoy hablando de vosotros, y eso que os acabo de decir tiene su importancia y mi siguiente explicación. Ya conocéis bastante la que ha sido hasta ahora mi experiencia en el terreno que recorre la amistad, y vosotros os encontráis en el punto en el que yo continuo aprendiendo y voy sellándome a fuego mis valores. Todos mis escritos, mis reflexiones, mis suspiros, mis lágrimas, mi búsqueda y en definitiva mi santa tortura y mi libertad, giran en torno al valor el cual para mí es el más importante de todos: amar incondicionalmente. Siento sin ningún tipo de vanidad que vosotros me amáis de tal manera. Desde lo más profundo de mi alma, gracias.
Me curáis verdaderamente con cada vuestro gesto y siento agradecimiento, admiración y mucho amor. Amo con todo mi ser cada rincón de vuestra esencia sin límite. Las promesas eternas se rompen y es por esto que en esta ocasión mis palabras son breves en proporción a mi promesa presente, demostraros que os quiero de la misma magnitud y más. Aún me queda, pero cuanto más siento con vosotros, más me emociono, y más siento, y me emociono, y más siento, y así. Me emocionáis, me demostráis, os siento. Qué amistad más maravillosa. Qué personas tan preciosas sois, no lo sabéis aún.

Os amo,
Carlos y María.








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