martes, 13 de agosto de 2019

Un polvo fácil

No se puede sacar nada más que vacío y banalidad de esta mentira a la que me sacaste a bailar en la carretera. Yo te daré el cascabel te lo prometo mocita, si tú me das esa miel que llevas en la boquita... Una estúpida canción de tuna intentaba cerrar sudorosa la cremallera de tu pantalón mientras yo hacía el gilipollas soñando con escribir para ti.

Pequeño Ruiseñor, cabeza de trigo y rubia.
Ojos dolorosos y boca doliente.
Mujeres al vino y promesas al ron con limón.

Pequeño Ruiseñor, cantos alegres y nada más.
Noches de bohemia y poeta encadenado,
acuérdate alguna vez del graduado.

Pequeño Ruiseñor, que sirves para servir. 
Sirve para ti y levántate temprano y canta. Tú sólo.

Suspiraba tonta creyendo haber cambiado a Pink Floyd por una primavera trompetera. Desistía de tu torpe intento de darme el cigarrillo pero con un guiño tuyo ya besaba tus dedos de humo. Mereces mi pena y mi paciencia... Así me dejaba convencer por tu maletero abierto en el polígono. Te gustaba respirar el frío pero siempre, siempre tenías calor... Medías tu clase a base de Sorrentos y cenas en la Chana y salíamos al bar del pueblo en nuestra única noche libre juntos. Sujetabas el cubata con una mano y dejabas que el traje hiciera el resto. 

Carmen Osadia
Tres años atrás


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