martes, 19 de junio de 2012

Secreto que miras.

C'est le temps de l'amour,
le temps des copains et de l'aventure...
(Francoise Hardy)


¿Por qué te sientas a mirar tras las cortinas? ¿A qué esa minuciosa exigencia de prismáticos? Heme aquí en la eternidad carteando sobre lo mismo

una

y otra

vez.

Suelo preguntarme por ese algo tan magnífico y traumático que guarda mi inconsciente y de vez en cuando nos provoca ese morbo común contigo-de los dos-tú y yo en la misma frase-nuestros nombres juntos-nos imagino-nos imaginan-nos imaginas. Y esa excentricidad que nos enamora, sobretodo a tí. Suelo preguntarme y suele fascinarme aquella posible respuesta fuera de este mundo, de este reino. Moonrise Kingdom.

Hoy la respuesta ha sido distinta y mucho peor: esa elegante extravagancia tiene su génesis en el trono del PURO ESTADO BUCLE DEL ABURRIMIENTO.

Estoy sincera y profundamente aburrida. No solo aburrida, sino mareada. Vueltas y vueltas y vueltas en torno a los mismos temas. Me estoy divorciando de mis pasiones y eso no pinta nada bien. Supongo que el que me esté haciendo tanto de rogar al no terminar -parece que jamás- los capítulos de Secretos de Matrimonio supone una cierta verdad. Esa verdad es la inmaculada revelación de un profundo desinterés por el pacto sagrado de la convivencia conyugal. ¿Acabo de formular esas palabras? 

Vale, vale, a ver, me quedo pensando si el compromiso es la meta final de la posesión. Justo, justo, justo en este instante siento manía y cierta hartura por Johan y Marianne, muchísima, casi juraría no terminar esos capítulos nunca. 

¿A qué esa respulsión? No me fascinan sus disputas, me resultan previsibles, incluso la postura de Marianne. Claro que sí, ha alcanzado la actitud madura que tanto estudio y tanto aprendo. Johan necesita darse a conocer consigo mismo, no es terrible detenerse y afrontar nuestro libro oscuro. Es fascinante, eso es lo que es. Johan es el auténtico reflejo de tu encierro de sol a sol en el teatro. Te encantaba dirigir a otros y manipular sus guiones, te encantaba porque resultaba mucho más fácil que tragar tus propias acotaciones en tus márgenes. Vivías tus pasiones, pasiones producto de tus miedos y necesidades, y una vez mínimamente satisfechas se acaban. Se acaban y deseas fervientemente desvivirte por ellas de nuevo, en el teatro, trabajando, de sol a sol. El único lugar donde se apremian tus obsesiones pues es ahí donde tienen una validez creativa, hay que mantenerlas, de hecho.

(Y aquí esas dudas sobre lo que opino yo verdaderamente acerca de Ingmar Bergman y su caótica vida personal. Por favor, perdóname.)

Vuelvo a la meta final de la posesión. Nuestra ventana discreta, nuestra ventana abierta, desnuda. Ya está, dejas de ser voyeur, dejas tus vicios y debes sustituirlos YA por otros. Ya no hay otras, ya no hay otras contungencias. Tú siempre has querido una y ya la tienes. 

¿Qué pasa si yo te tengo a ? Ese jueguecito.


C'est le temps de l'amour,
le temps des copains et de l'aventure
. Supongo que habré de revisar esta poco habitual y nueva defensa que he tomado y ya veremos si estoy de acuerdo o no. Es una desgracia la condena pero también es siniestramente cómoda para el placer.


Qué difícil resulta a veces domar las pasiones, se me escapan. Ay de tí y mis suspiros, que no se evaporen jamás y se condensen en el cristal de mi espejo. Gotitas cristaladas que corten nuestra sangre y la derramen acariciando nuestros rasgos. Cuánto quisiera yo bebernos y - ay - a qué sabrá tu lengua. Déjame probar tus delirios al menos una vez.

Y finalmente se me fué de las manos y me inspiré.

¿Quién nos comprenderá, mi amor? No dejo de preguntármelo, no me dejan las intrigas hacia nuestra secreta admiración. Secreta y deleitosa.

¿Quién nos comprenderá, ay mi amor? 
Ay...

Carmen Gutiérrez Osadía,
entre dispares y muy desorganizadas
palabras, aunque dentro de su orden secreto.


(Moonrise Kingdom
Secretos de un matrimonio
La ventana indiscreta).















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