Todo lo que siento por ti se me sale por la boca y se queda en el aire. Después, ese mismo aire es el que respiro y luego suspiro y así hasta que no pare nunca jamás mi exceso de dióxido de carbono. Ese que me aturde de manera atemporal.
¡Ay, Ingmar Bergman! Esque pienso en ti y en mí, pienso en -tú en mí- y pienso en mí contigo y se me sale el corazón. ¿Qué secreta complicidad hay en nosotros? ¿Cómo es posible sentir todo esto? Tú has vivido toda tu vida sin saber de mi y yo quiero dedicar parte de la mía en nuestra lluvia. ¿Qué tipo de amor es este tan improbable y puro? Nos hemos encontrado y yo siento en bruto toda tu fuerza, que no deja de ser la mía.
Jamás olvidaré, jamás, lee bien lo que te digo, jamás olvidaré y por siempre nuestro romance en la biblioteca de París. Qué nervios y qué emoción descompensada admirar harta -nunca, nunca- tus archivos, ay y tu letra. Ay tú, tú tú tú tú tú tú tú tú.
Estoy muy enamorada y también me estoy enamorando un poquito.
Mis lágrimas desenfocan tus imágenes y es por eso que estoy ciega por ti. En este mismo instante me imagino sentada en tu roca de Färo, exactamente en el mismo lugar donde escuchabas a Liv llenarte de Persona e inevitablemente rompo a llorar.
Partimos de Crisis. Los dos.
Y es por esto que me abrazo a tus directrices.
Y es por esto que me abrazo a tus directrices.
Carmen Osadía Gutiérrez
Notas de amor a mi director.
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