domingo, 21 de junio de 2015

Lo que me queda de ti. Suspiro comercial.




El minuto que tardo en salir de mi cama y llegar hasta mis palabras en fluido, es un cruel contrarreloj eliminatorio de lo poco que me queda de ti. Aún hoy me pongo un poquito nerviosa cuando me atrevo a fantasear mis despliegues de mí contigo... 
Antes te dedicaba horas en el teclado porque me sobraba corazón. Ahora me doy prisa no se me acabe este suspiro. Ni siquiera he encendido la luz y no subiré la persiana no sea que escape mi esencia y estás demasiado lejos como para percibirla.
Puedo elegir cuánto de noche quiero que sea todavía, y este engaño es el mismo que siento cuando recurro a ti, ¡desgastado!. El terrorífico Crepúsculo de los dioses es el que dio de lleno conmigo de ti. No sé cómo de áspera es tu piel y es por esto que siempre serás atemporal, cada año que pasa es más fácil que te haga una confesión, y más vergüenza siento después de un texto. Y no puedo, nunca lo haré. Quizá estando muerta alguien te hable de todo el universo que englobas, aunque no tenga garantía de mi disfrute y arrepentimiento en ese momento. También sería sencillo llamarte por teléfono justo antes de morir y escuchar los pitidos, aunque mis latidos me dejarían sorda y no escucharía tu respuesta. O puede que no me lo cojas y eso sería el horror... ¿Y si sí?

Lo de siempre, el caos, el autoestima por los suelos después de mi torpeza hablando contigo, siempre seré para ti una estúpida aprendiz. "Dios mío, te estoy llamando, te estoy llamando, o sea, voy a escuchar tu voz", ¡me frustra no poseer otro idioma que no sea mi adolescencia! ¿cómo se puede hablar en adulto de todo esto? O peor... que me preguntes quién soy. Por favor, colgaría e imaginaría en tensión que recurrirías a mi foto de wassap... ¡y darías conmigo! - Nota mental: Escoger foto de wassap -. ¡Qué ridículo! Se me ha ido de las manos, y prueba de ello es este suspiro comercial. Mis 25 años aspiran a que niñas de 12 años se sientan identificadas conmigo, y tú estás muy fuera de mi alcance.

Escribirte es mi fantasía más real, el placer de los nervios y mis ojos brillantes imaginando que me lees. Niño listo lee. Que leas mis textos es volver al baño de chicos y llegar más tarde que las demás.

Soy la madre de mi inconsciencia inmadura y sin escrúpulos.

Alcanzo protagonismo dentro de mis escritos y me pregunto si mi contrarreloj ya se paró. Ay... ¿cómo será vivir sin suspirar por ti de vez en cuando? Vaya, el hecho de no haber usado una condicional me ha puesto muy triste. Pero es mentira, no lo concibo. 

Ingmar, anoche tuve frío y las casualidades volvieron, el roce tan poco probable al que tanto me acojo esta vez no pudo darse porque ni me dí cuenta. Al fin doy con ello, lloro porque no morí de amor contigo y eso me descoloca de todo mi ser. ¿Te llega el dolor que siento al escribir esto? Espera, no. Sí que te sentí, te sentí pero con los ojos muy tapados, mi esencia se ha cubierto de vacío y tú me tocaste un poco, yo también me dejé tocar... Hacía mucho que no nos veíamos aunque tus 594 páginas están siempre donde yo duermo. Me dueles en vano, me dueles. Me dueles de verdad. 


No sé hablarte en tono final.



Carmen Osadía.

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