He cogido de la mano a Leo y me he colado en su cueva mágica para hacer de ella una hoguera y arder seguidamente empotrándome con el planeta Melancolía. He sido Mónika en verano y he abortado a mis hijos con mis excesos. Me he masturbado con una llave azul y aún no sé si desperté de este sueño de Lynch irresoluble, indescifrable. Este mi eterno nunca enigma de Mulholland. Me he fumado todos los colores posibles en chaleco de flecos y me he cortado el cuello en el descapotable de Lana Del Rey. No soporto más morirme otra vez más, y más y más de amor por ti e igualmente se mueren putrefactos los caballos en la orilla, casi, casi llegando al mar. Ya se quema la casa donde jugamos y mis exquisitos bocados de pastel de carne ya sabes a qué me saben. Si no me dejan robar tus besos gritan mis espadas y mis faldas para volver conmigo. Me arrastra el infinito y ya no encuentro Färo, ni lo encuentro ni puedo salir de él, ¿a dónde ir perdida en esta isla?
España se va a pique y no hago otra cosa que llorar por nosotras y nuestras manos portando los clavos en IVA. Hemos desgastado nuestras becas y ahora vamos a recortar en bucle. Hemos negociado las casualidades por inconscientes en desespero que más tarde olvidarán tu nombre y tu razón. Hemos mirado por la puerta entreabierta y pillado a Godard escribiendo su guión, el cual no es más que un borrador en sucio. Tal cual, sin pasar a limpio, sin darle forma porque estaba más harto que yo y porque queríamos estar juntos, cómodos.
Y a ti no quise imaginarte, nunca lo hice, nunca te pervertí. Yo nunca he visto tus rodillas a pesar de haber fantaseado con bucear en tus lentes. Pero qué son sino nada más que cristal. No he querido cortarme. igualmente me he hecho rasguños con mis lágrimas, ellas que son más afiladas y despiadadas. Sin mirar, a toda ostia, a desenfreno he lavado en ellas mi pelo, en nuestro espejo, mientras llovía en mi habitación, mientras te miraba apoyada en la verja. He dejado a mi bebé gatear entre jeringuillas y ahora se pasea por mi techo sin ojos. Se caen las flores de dibujos y tenemos vértigo, nos tiramos desde el campanario, nos teñimos de negro, nos oxigenamos de rojo, nos quedamos en el pozo y se arrancan nuestras uñas en vano.
Deseo fervientemente a Nolan y con ello dibujo una sonrisa con el hacha de Bale. El eterno retorno de mis faldas de cuadros, mi camisa ceñida y ese prominente escote que no perdona y es cruel. ¿Por qué cruel? porque es así y punto.
He abusado de vosotros mis amigos, he contaminado la conversación, he rajado los vinilos, he manipulado vuestras neuronas, he conseguido eternamente tus pensamientos, he ensuciado mi casa.
Me hiciste el boca a boca y yo te metí la lengua. He follado con todas y cada una de mis ideas, una por una, en tríos, en orgías dando a su vez latigazos a Justina. Latigazos, latigazos, latigazos incrustándose la fusta de pinchos en la piel de su espalda hasta arrancar de ella su delicadeza en tiritas. Brota la sangre, la que ha formado mi manantial de doncella. Sangre porque ya me bañé en el agua, ya me enjuagué con ella y se la escupí al mundo. Quiero vomitar por la cabeza pero ya me está escociendo la nariz.
Carmen, ya basta, ya basta niña, ya basta. Mi niña ya basta. España y yo vamos a la par, eso es lo que pasa, que no os dais cuenta. Simbiosis.
Mañana vuelves a morirte, Ingmar Bergman.
Carmen Osadía Gutiérrez Ruiz
Andrei Tarkovski, El espejo.
Ingmar Bergman (14/07/18 - 30/07/07)


No hay comentarios:
Publicar un comentario