Despierta en desvelo la anticipada nostalgia,
calle de duelos y quebrantos que tutelan nuestra plaza.
Se insalivan mis labios con mis ojos
que nada más son lágrimas y un ojalá de tus besos.
No acaricies mi rostro en beso de abandono,
beso prudente, beso extranjero, beso de insonmio, beso maduro,
y el séptimo beso es el beso de infancia, el beso más duro.
Envuelta en tristeza desentierro tus encantos,
tus dioses me perdonan una vez más
y me veneran.
Mi niña consentida se viste de Domingo y va contigo a misa,
misa de niños, prohibido altar de comunión inalcanzable.
Mi niña coqueta, mi niña dulce, mi niña es ladrona y mentirosa,
ay, mi niña es caprichosa y llora.
Y se enamora, y llora,
y llora y llora y llora porque quiere jugar contigo al cine
y en tu habitación, y jurarte sin cruzar los dedos tus secretos y dejarte
una flor en tu escritorio y dibujarte. Y escribirte.
Y dejarte una nota en la mochila.
Y lamerte muy, muy des-pa-cio la nuca.
Y cogerte un rizo.
Y metérselo en la boca, saber por fin a qué sabe y comérselo.
Es niña inocente y perversa, es luz roja y es luz verde,
es niña que invade tu mundo y quiere ser leída por tí, por tus pensamientos,
niña mía que goza de tu caligrafía, de tu tiempo.
Niña para siempre y nunca, niña desobediente y mala, y es buena.
Niño de Färo, niño de circo, niño Buñuel, niño de ojos, niño, niño, niño.
Niño listo, lee. Lee entre lineas. Lee.
No dejes nunca de besarme y enloquece con mi dios,
mi poesía y mi texto, mi dios.
No dejes de mirarme y de pensarme y de imaginarme.
Se insalivan mis labios con mis ojos
que nada más son lágrimas y un ojalá de tu beso.
Es mi beso tu lectura.
(Kikuri de Jigoku Shoujo
y una foto de la biblioteca de la uni que me mola MUCHO).
Carmen Osadía
prosa y per-verso.

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