PRINCIPIO
CAPÍTULO UNO. HACE UN PAR DE SEMANAS: El lado solitario de la novia.
El seguimiento obsesivo tiene su génesis en un punto clave en común: El cataclismo nupcial. ¿Qué puede haber más destructivo que el súbito exterminio del sello de amor de una novia? No existe hecatombe más romántica en toda su esencia que su propio corazón triturado el mismo día de su manifiesto ante todos sus seres amados. En ello estábamos de acuerdo Von Trier, Paco Plaza, Tarantino y una comprometida servidora.
Yo soy la novia, yo soy la elegida, yo soy la que viste de blanco, yo soy esa princesa de largo a la que todos van a mirar, yo soy la más amada del mundo, yo soy la persona más feliz, yo soy la protagonista.
Yo soy el egocentrismo.
Yo soy el error.
Yo soy el egocentrismo.
Yo soy el error.
De alguna manera todas esas novias fueron heridas en algo más importante que su amor compartido, esto es, su amor propio. ¿Qué esperaba fortalecer sino Justine en un proyecto de futuro custodiado por una flamante limusina? ¿Qué más daba si el camino era imposible? Siendo idea suya, por supuesto. ¿Qué tiempo atrás quiso enterrar la Mamba Negra guardando su Katana para siempre? Y si para hacer próspera tu futura vida familiar es necesario serrar a tus abuelos, primos y padres inyectados en virus, pues así sea. Las novias que aun siendo parte de un todo, siempre se quedarán solas en su lado.
(salto de eje)

- ¿Quieres quedarte a la boda?
- Solo si me siento en el lado de la novia.
- Estarás un poco solo en mi lado.
- Siempre he sabido que tu lado era un poco solitario, pero no me sentaría en ninguna otra parte.
Tres historias apocalípticas que empezaron bajo lo que parecía un sueño bucólico pastoril, tres historias que terminaron con ese sueño siempre a medias tan intenso, pues no hay nada más humano que lo que tienen en común todas aquellas novias y sus directores, el deseo de amar.
In the mood for love. In the mood for love. In the mood for love.
LAS NOVIAS OLVIDARON QUE NO SABÍAN AMAR.
In the mood for love. In the mood for love. In the mood for love.
Sigo deseando amar.
Las chicas que queremos ser novias seguimos deseando aprender a amar, y queremos llevar nuestro vestido blanco sin ensuciarlo de pis y sangre. Las chicas que queremos ser novias, novias de verdad, novias de verdad, de verdad, de verdad, novias de verdad, de verdad, estamos hartas de silbar Tristán e Isolda y gritar Eloise. No nos dábamos cuenta de que no conseguiríamos amar sin saber y es por esto que así parte y concluye Melancholia.
Entonces.
CAPÍTULO DOS. HOY: In the mood for love.
Entonces, es ahora cuando el poder del inconsciente pierde la fuerza en toda su posible magnitud y tú y yo olvidamos que llueve sobre nuestro amor. Me pregunto qué lastre nos mantiene en actitud de inocencia y dónde dirigimos nuestro arte y corazón. Cuántos otros quisieran tener lo que tú y yo tenemos y cuán deseo yo sellarnos con un beso, como ellos. Son incontables horas del lobo escuchando de manera deleitosa la mefistofelia de Goethe hasta que, de repente un día, me sorprendo en una relación reducida a lo políticamente correcto con Lana Del Rey, pues una vez fuimos niñas y eso ya forma parte de un pasado -reciente- pero pasado, al fin y al cabo. Lo increíblemente maravilloso emerge cuando la magia se canaliza en travelling y damos con la primera escena: tú y yo juntos regalándole a Ingmar Bergman la imagen más verdadera, el guión que jamás pudo escribir empezando desde su deseo nostálgico más profundo, que es, sin duda, el último frame de Un verano con Mónika. Deja de ser objeto que me mires compulsivamente a través de tus gafas torcidas, y parece ser que se divisa un propósito doblemente verde claro y sutílmente rasgado. Ay, cuánto me gusta la honestidad de tus ojos.
CAPÍTULO TRES. UNA HORA ETERNA MÁS TARDE: IN THE MOOD FOR LOVE (II)
No odiar y querer mucho.
CAPÍTULO CUATRO. POR SIEMPRE JAMÁS.
¿Por dónde iba? Ah sí, decía algo sobre tu preciosa mirada tan verde, tan sensata, tan serena. Jamás me habían enseñado tanto y tan rápido unos ojos. Qué instantánea más inmensurable en dulzura, de verdad. Es así como quisiera que nos miráramos siempre, sin ningún tipo de juego. Con la misma fuerza vieja que transmite la palabra madurez. Y hasta donde sé, se acabaron los bucles contigo, no habrá más obsesión. Haces que mis vísceras sean pulcras, buenas. Haces que sea una chica mayor y que quiera a mis hijos, nuestros hijos. Olvido los poemas oscuros y no se resiente más mi adolescencia. No eres quien quiero ser sino que haces que yo sea quien quiero ser, ahora y por siempre jamás.
CAPÍTULO CINCO. LEO
Melancolía solo es el cuento de miedo que Leo para no ser nunca como mi mamá Claire y mi tia rompeaceros Justine.
SÍ QUIERO
Aprender siempre a quererte.
Saber quererte. Mucho y bien.
Apuesto por crecer hasta encontrarnos y más.
Damos permiso a nuestro espacio y lo dejamos estar, sin precipitarnos,
con paciencia y calma, como tu mirada, la mirada más bonita que he visto nunca.
Cambiamos por fin el patrón de mis diarios enfermizos y dejo de ser princesa.
Vamos a cuidarnos y a compartir nuestro respeto.
Nosotros hacemos el amor con gestos, teniéndonos en cuenta, cuidando
de nuestra libertad. Yo soy yo y tú eres tú cuando estamos juntos.
Olvidamos la simbiosis y nunca supimos de la competencia.
Somos Adán y Eva todavía desnudos.
Somos una conversación y con ella ojos húmedos.
Ojos fijos. Ojos Ilusionados. Ojos directos.
Ojos empáticos.
Sí. Sí que te quiero.
FINAL
Los fantasmas que jamás vendrán a visitarnos.
Carmen Osadía
Gutiérrez Ruiz



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