A mi muy queridísimo y amado Ingmar Bergman de aquel 25 de Septiembre de 1986 en Farö:
Qué fácil resulta dedicarte mi más sincera entrega y cuánto me está costando empezar, ¿qué palabras puedo ofrecerte yo que estén a la altura de tu tan mágico regalo? Cuánta intimidad hemos compartido y qué secreto y dulce ha sido tu beso. No es ni siquiera necesario que cierre los ojos para avivar la intensidad verdadera con la que he sentido tus labios, tu abrazo, tu sueño de Strindberg. Ha sido de verdad, aquí en Mejorada del Campo, 26 años en el tiempo se han reducido en un grito y un susurro en un instante y juntos hemos creado cine y realidad. A continuación, estas palabras que escribo gotean fuertemente con mis lágrimas porque somos parte de un puto milagro. Justo desde las ventanas puedo ver cómo va corriendo el hermano de mi ex, mi móvil pita los mensajes de mis indecisos amigos sobre dónde ver el partido de esta noche, mi hermana estará luchando en su habitación por ser la doctora que salve vuestras vidas (la mía tantas veces) y yo aquí, en la terraza gritando en pensamientos que acabo de presenciar un milagro. No se puede detener el tiempo y ya estoy deseando volver unos minutos atrás para enamorarme de nuevo.
¿Me merezco nuestro encuentro? ¿Por qué insistes? ¿Por qué me insto en hacer cine? Tus películas y mis diarios son la respuesta. Este momento contigo se lo merecen las personas que yo más adoro, hermoso regalo.

Qué última imagen tan acertada has proyectado.
Es ese dolor. Cuánto desvela su mirada y cuánto conmueve su gesto.
-No es que me sienta enfermo -al contrario- pero el alma...- Me susurrabas hará un rato.
-¿Por qué se hizo un inválido de mi hermano, por qué fue aplastada mi hermana hasta romperse en un grito, por qué tuve que vivir yo con una herida infectada que atravesaba todo mi ser y que nunca cicatrizó? - Gritábamos tú y yo juntos en 307 páginas.
Hay preguntas que uno no se imagina que tendrán respuesta y son tantas las que formulamos asumiendo que lo que vamos a recibir a cambio sólo es el consuelo de decirlas en alto. Pues para sorpresa de ambos, es probable que hoy tengas alguna de vuelta, y seguramente no he sido la primera.
Mi maestro y amante.
Vale, te lo diré, mientras trato de encontrar las palabras más adecuadas que me liberen mejor, noto ardores que me sanan y llevan imágenes una tras otra de Fanny y Alexander. ¿Significa eso que se está convirtiendo en mi favorita?, ¿cómo decidirme por una?, -dicho esto recuerdo no ser la única en formular estas preguntas- y tengo la suerte de tener todavía un largo celuloide que disfrutar de tí que aún no conozco. ¿Qué lección me espera tras tu primera lucha en Crisis? ¿Qué apuntes tomaré en Sonata de otoño? ¿Cuántas horas del lobo me quedan por atravesar?
¡¡Qué ganas tengo de seguir, Ingmar Bergman!! Qué mágico trasladarme siempre a ese pradito, a esa escena cada vez que como fresas. Ay, no sabes lo que estoy sintiendo ahora mismo. Y Liv Ullman, la actriz más guapa y pelirroja que existe en el mundo. Expresión madre y mi referente. Persona, ahí nos hicimos mejores amigas, y qué divertido fue cuchichear juntas, -y más cosas que le contaré a ella-.
INGMAR BERGMAN, INGMAR BERGMAN, INGMAR BERGMAN, INGMAR BERGMAN.
Admiro de tí (entre infinitas cosas) tu imaginación para escoger finales, tu manera y tu dedicación. Lección que trato de aprender y que me ruego no dejar de asignatura pendiente. ¿No ves cómo trato de pausar mi entrada? y digo pausar porque quiero seguir agradeciéndote mi universo paraosadísmico más allá de mi portátil. Qué mediocre está resultando este final.
Ahora que casi siempre tengo ganas... (se cuela Sabina por mis pensamientos)
Me despediré por ahora adueñándome de palabras tuyas,
me proporcionas muchas y variadas experiencias, eres como la llama de un soplete para mi pereza intelectual. Abriste la verja y pusiste en libertad a una loca.
Linterna
Mágica, Ingmar Bergman



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