estoy muy triste.
Seguramente no te sorprenda que te escriba después de tanto tiempo, desde luego que no. Me conoces bien, sabías que lo haría.
Es probable que seas la única que tenga una lectura acertada de mis adentros, porque tú no eres de este mundo y ahora me pregunto si yo tampoco.
Son demasiadas preguntas, y por lo que parece todas ellas suplican un tiempo indefinido de esa amante inoportuna, que se llama Soledad, si ya me contó Sabina.
Aunque aún me siento pequeña, es igual, lo que parecía definirme se me queda pequeño y no estoy segura de qué ponerme. Fuera de lugar. Madurez, dicen. Dentro de un envoltorio corriente, las personas se enamoran de otras personas, se casan, comparten sus vidas. ¡Ay, Emma!, ¡yo también estoy enamorada!, ¿y qué me puedes decir tú sobre esto? ¿a qué ritual debo acogerme? ¿con quién o qué debo casarme?, ¿casarme?.
Aquellas fantasías quedan bajo una mata de polvo y quiero nuevas, no sé cuáles, otras. ¿Quién dijo que yo tenía imaginación? si no consigo esbozar su aliento ni evocar sus besos, si no se improvisan mis orgasmos. La inapetencia me arrastra hasta aislarme para concederme un baile con mis ganas, con mi poesía, con mis imágenes, con mis deseos.
Emma, estoy muy triste.
¿A quién le recomiendas tú una vida como la nuestra? Un día no quepo en mí y otro día no quepo en este mundo y otro día nos hemos perdido. Supongo que hemos nacido para trajes a medida y qué fácil sería, mi amor, usar una talla estándar.
Sueños ligeros revelan sueños eternos.
La luz de la luna ilumina mi corazón.
Las flores agitadas por el viento me guían.
La canción de mis pecados se enrosca en mi corazón.
En un río sin fín colocaré las palabras de mi amor,
para que la corriente se las lleve.
(Jigoku Shoujo)
Arden de amor.
Arden tus ojos y los míos.
Carmen Osadía Gutiérrez Ruiz
Emma Ai

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