jueves, 5 de abril de 2012

Esto... GODARD, seré clara.

Pido la paz y la palabra para decir algo:

¡Oh, apuesto príncipe de Valencia!
¡Oh, tú que atraviesas el bosque en busca de aventuras!
¡Oh, príncipe descamisado!
Desvive mi corazón en frenesí de concederte mis más sinceras palabras... ¡¡ERES IMBÉCIL!!
Un inútil, un cobarde, un cachorro pisado, un tonto, ¡tonto, tonto, tonto más que tonto! ¡Madre mía qué tonto! y la culpa es tuya, madre mía, madre mía...


Aclaro: Confieso que he dedicado parte de mi tiempo en expansión intelectual en cotillear a ver qué nos cuece Disney últimamente. Prohiban a sus hijos del sufrimiento de Blancanieves con la Roberts y el príncipe excremento y póngales por favor Aladdín o si es necesario cáuseles un trauma con Polstergeist o Drácula de Bream Stoker (no sé si será el mejor consejo, pero así hicieron conmigo y a día de hoy tengo tremenda inquietud en resolver mi trauma infantil con ayuda de Freud y el análisis transaccional, realmente productivo al menos... soy una muchacha feliz).

A decir verdad, juro que habría sido la pera (o la manzana en este caso) que la peli hubiese acabado con Julia Roberts la demacrada-psicótica-anciana entregando la dicha fruta envenenada a la dulce Fridanieves Kahlo, y con un mordisco sentenciando su muerte. Pero no.


No.


Dicho lo cual, yo he venido a hablar de mi libro, así que punto y final al asunto BlancaRoberts.


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Querido Godard:
Supongo que te acordarás de mí, soy esa morena tia buena que se ha cruzado unas cuantas veces por delante de tus pelis y se ha tirado 15 minutos decidiendo si o si no.
Suelo pecar de indecisa pero no me andaré más con rodeos: quiero royo.
Así de primeras y con lo que mis amigas me cuchichean, parece que resultas ser el típico tío pedante y un poco capuyo que se las da de sobrado por la vida y que va de subidito con planos de dos putos minutos (dos, no sé...por darle saborcillo a mi frase molona, tú me entiendes). Puede ser, mis amigas son unas sabias listillas también y reconocen a sus iguales allá por dónde van, pero paso. Ya llevo una semana con el gusanillo y quiero que me ligues con tu poesía, tu mirada crítica y tus movidas. Si quieres yo encantada de pintarme la raya del ojo con el lápiz de tinta, de ponerte morritos y terminamos fulminándote con mi mirada de desprecio. Todo eso mientras me grabas, claro. Me apetece ser la prota y que intercambiemos palabras con saliva, o solo palabras, o solo saliva, o todo y en el orden que quieras.
Voy a justificar que seguiré siendo una digna ante todo a pesar de mi sometimiento, digamos que estoy dispuesta a ciertas cosas por mi sed intelectual y matar de sed a una es un castigo, ¡oh, grande y poderoso castigador!
Cierto y verdad es que ya va siendo hora de que yo también tenga mis necesidades y ya de paso darme el capricho, ¿no te parece? que yo doy por sentado que te parecerá bien, que allá lejos queda mi modestia y me vuelvo vanidosa y te digo que voy a entregarme 99 minutos aprox. por primera vez a tí y eso querido Godard, eso... eso es una joya digna de reina de reinas, (con perdón a mi humildad perdida).

Si eres tan profundo como imagino que has de ser, porque no te pediría cacho si no te estuviera idealizando precipitadamente y sin conocerte, imagino que te estarás dando cuenta de algunas cosas. Que detrás de lo que parece ser un mensaje de una chica súper segura de sí misma que las tiene todas consigo, se encuentra una chica romántica, algo confundida y soñadora que trata de apostar por sus intuiciones. Por suerte o por desgracia tú eres una de ellas. Veamos a ver qué tal se te da dirigir mis emociones a través de Brigitte Bardot.



Sexy.
Potemkin.





Eternamente tuya durante 99 minutos, Osadía. 
Hoy, Osadía.











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